Sab
Sab Frente por frente de tan graciosa figura veíase la grosera y repugnante del viejo buhonero; la cabeza calva sembrada a trechos hacia atrás por algunos mechones de cabellos rojos matizados de blanco, las mejillas de un encarnado subido, los ojos hundidos, la frente surcada de arrugas, los labios sutiles y apretados, la barba puntiaguda y envuelto su cuerpo alto y enjuto en una bata blanca y almidonada.
Mientras Enrique desocupaba con buen apetito un ancho pocillo de chocolate el viejo tenía fijos en él los cavernosos ojos, y con voz hueca y cascarrona le decía: