Cuentos de Italia
Cuentos de Italia - ¿Vienes?
- SÃ. Y aquà tienes a los mÃos. No me acompañéis más, ¡no hace falta! Hasta Roma hay sólo cinco horas de camino, y he resuelto hacerlo a pie, con toda intención, para concentrar mejor mis pensamientos…
Se han detenido… El alto se quita el sombrero y dice con voz desgarrada:
- Por tu madre y tu hermana puedes estar tranquilo, ¡todo marchará bien!
- Ya lo sé. ¡Hasta. más ver, mamá!
Ella prorrumpe en leves sollozos y gemidos; luego, se oyen tres fuertes besos y una voz viril:
- Vete a casa y descansa tranquila, ¡has tenido muchas emociones en estos agitados dÃas! Vete, ¡todo marchará bien! ¡Paolo es tan hijo tuyo como yo? Bueno, hermanita…
De nuevo, un beso y el seco susurro de los pies al deslizarse por las piedras; el sensible silencio de la noche refleja; como un espejo, todos los sonidos.
Cuatro figuras, envueltas en las sombras, se han fundido en un solo cuerpo y no pueden separarse durante largo rato. Luego, calladas, se desprenden bruscamente: tres se encaminan despacio hacia las luces de la ciudad, una echa a andar de prisa hacia adelante, en dirección a Occidente, donde se han apagado ya los resplandores del crepúsculo vespertino y se han encendido en el cielo azul multitud de claras estrellas.