Cuentos de Italia
Cuentos de Italia - ¡Adiós! -resuena en la noche el grito triste y quedo. Y de lejos le responde una voz animosa:
- ¡Adiós! No pases pena, pronto nos veremos… Golpetean con seco ruido los zuecos de la muchacha, una voz un poco ronca dice palabras de consuelo:
- No se perderá, donna Filomena; puede usted estar tan segura de ello como de la misericordia de su Madona. Tiene buena mollera y un corazón fuerte; sabe querer él mismo, y obliga fácilmente a los demás a que le quieran… Y el amor a la gente son las alas con que el hombre se remonta siempre a mayores alturas…
Pródiga, la ciudad va sembrando cada vez más las tinieblas de luces modestas, de pálido fulgor; las palabras del hombre alto brillan también, como chispas de fuego.
- Cuando el hombre lleva en su corazón palabras que unen al mundo, encuentra en todas partes gente capaz de apreciarle, ¡en todas!
Junto a la muralla de la ciudad, apretada contra ella y pegada a la tierra, hay una casita baja y blanca, un ventorrillo que mira a las gentes, con el ojo cuadrado de su iluminada puerta, llamándolas acogedor. Cerca de ésta, en torno a tres mesitas, rumorean bulliciosas unas figuras obscuras, gimen las cuerdas de una guitarra y resuena, con briosos trémolos, la voz metálica de una mandolina.