Mis confesiones
Mis confesiones —Pero la Virgen era mujer.
—Bueno, ¿y qué?
—Y hay muchas santas…
—Si continúas hablando asÃ, irás a dar en el infierno.
«He aquà un hombre formal», pensé para mis adentros.
Llegados que fuimos a la panaderÃa, Mikha encendió el horno. HabÃa allà dos tinas forradas con sacos, un arca grande y algunos sacos con harina, centeno y trigo candeal. Todo estaba sucio; el polvo y las telarañas se habÃan enseñoreado de la pieza. Mikha, destapó una de las tinas y dijo en tono de mando:
—¡Ven aquà y aprende! ¡Aquà tienes la masa! ¿Ves estas burbujas? ¡Eso significa que ha fermentado, que está a punto!
Tomó un saco de harina, del tamaño de un niño de tres años, y lo vació en la artesa, removiéndolo luego con un cuchillo.
—¡Echa cuatro cubos de agua! ¡Amasa!
Mikha estaba ya completamente blanqueado; semejaba un árbol cubierto de escarcha. Me quité la sotana y me remangué los puños.
Gritó de nuevo:
—¡No! QuÃtate el pantalón. Se amasa con los pies.
—Es que hace tiempo que no me he bañado…