Mis confesiones

Mis confesiones

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¡Y ante tales misterios y esplendores, el hombre no hace más que traficar! ¡No sabe otra cosa! ¡Oh, Dios mío!

Otras veces, Serafino nos hablaba del Cáucaso. Nos lo pintaba como un país bello y espantable, semejante a los parajes de leyenda en que el paraíso y el infierno se tocan, se enlazan y reconcilian, uno y otro gloriosos y arrogantes por igual en su imponente majestad.

—Ver el Cáucaso —nos contaba—, es ver la verdadera faz de la tierra, en la que se funden en una misma sonrisa, y sin estar en pugna, el frescor del alma pura del niño y el orgullo burlesco del genio diabólico. Hay que ir al Cáucaso para poner a prueba la energía de un hombre: el que tiene un corazón endeble, se ve agobiado y sobrecogido ante las fuerzas de la Naturaleza; pero el que es vigoroso cobra aún más pujanza, se equilibra, se engrandece y eleva, semejante a una montaña cuya cumbre verdeante se yergue en el infinito de los desiertos celestes. ¡Y esa cumbre es el asiento del trueno!

Gricha suspiraba, preguntando con voz queda:

—¿Quién mostrará al alma el camino que ha de seguir? ¿Debe uno quedarse entre los hombres o separarse de ellos? ¿En qué debe creerse? ¿Qué es lo que ha de rechazarse?

Serafino respondía con una sonrisa luminosa y vaga:


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker