Mis confesiones

Mis confesiones

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

No osaba interrogar al anciano; no quería turbarle en su apacible espera de la muerte. Sentía como un vago temor de expulsar algo indefinible si me movía. Permanecí, pues, inmóvil. El son de las campanas llegaba amortiguado hasta la caverna, rozando mis cabellos; tenía unas ganas indomables de mirar al aire, pero la oscuridad pesaba extraordinariamente sobre mis hombros y no me moví.

—¡Reza! —me dijo Mardario—. Yo también rogaré por ti.

Callóse; volvió a reinar el silencio. Un terror angustioso me corrió por la piel, llenándome el pecho de un frío glacial.

Al cabo de un rato volvió a murmurar:

—¿Todavía estás ahí?

—¡Sí!

—No veo nada. Adiós. ¡Retírate y no discutas más!

Salí sin hacer ruido. Al encontrarme de nuevo en la superficie, aspiré el aire fresco hasta sentir vértigo y se me inundó el cuerpo de alegría. Mis ropas estaban empapadas de humedad, como si acabase de salir de una gruta. Hacía ya cuatro años que Mardario vivía en aquella cueva.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker