Mis confesiones

Mis confesiones

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Reinaba un gran silencio. Ni siquiera el sonido de las campanas llegaba hasta mi encierro; no sabía cómo medir el tiempo; para mí no existían ni el día ni la noche. ¿Hay quien tenga derecho a privar de la luz del sol a un semejante? Aquella rancia oscuridad me abrumaba; mi alma se consumía desorientada, y mi fe en la justicia, en la omnisciencia de Dios, tan grata al corazón humano, iba esfumándose y desvaneciéndose poco a poco. Pero, semejante a una luminosa estrella, la silueta del Padre Antoni resplandecía a mis ojos, en todos mis pensamientos; todos mis sentimientos convergían a él, al igual que las nocturnas mariposas revolotean en torno de la llama. Yo le hablaba, le confiaba mis torturas, le dirigía preguntas y distinguía surgiendo de entre las tinieblas el rayo de sus ojos acariciadores. Aquellos tres días me fueron sumamente penosos. Cuando salí de aquel agujero, tenía los ojos cegados, la cabeza pesada y las piernas vacilantes. Los monjes burlábanse de mí:

—¿Te has divertido, eh?

Por la noche, el Superior me hizo comparecer a su presencia y, tras haberme arrodillado, me sermoneó.

—Se ha dicho: «Limaré los dientes del pecador y doblaré su espinazo».

Yo no desplegaba los labios, pues estaba resuelto a dominarme. El Padre Antoni se encontraba allí y su presencia me calmaba: su mirada amistosa me sellaba los trémulos labios.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker