Mis confesiones
Mis confesiones Sin transición alguna, el Superior se apaciguó:
—Se te quiere bien, imbécil; pensamos en ti; se ha notado el ardor que pones en el trabajo y se hará justicia a tu inteligencia. Puedes elegir entre dos ocupaciones que te pondrán a prueba: ¿quieres ser destinado a la oficina, o prefieres ser Hermano lego del Padre Antoni?
Me parecÃa como si me bañaran en agua tibia; tan grande era mi gozo que apenas pude proferir:
—Permitidme que sea Hermano lego…
El Superior frunció el entrecejo, dirigiéndome una mirada escrutadora.
—Si vas destinado a las oficinas, te relevaré de la obligación de arrancar troncos; en cambio, si quieres ser Hermano sirviente, se te aumentará el trabajo en el bosque…
—Permitidme que sea Hermano lego…
Me interrumpió severamente:
—Pero ¿por qué, imbécil? El trabajo de oficina es más digno y menos pesado…
Insistà una vez más.
El superior inclinó la cabeza y tras un instante de reflexión, me dijo:
—Está bien, te lo permito. ¡Qué raro eres! No hay que perderte de vista… ¿Quién sabe lo que barruntas? ¿Quién sabe? ¡Vete en paz!
Me encaminé al bosque.