Mis confesiones
Mis confesiones Por la expresión de sus ojos, deduje que se estaba burlando de mÃ. Yo seguÃa turbado y confuso por la pregunta inverosÃmil que le habÃa dirigido, y deseaba olvidarla o justificarla. Asà que le pregunté:
—¿Por qué habéis cogido ese cuchillo?
Antoni me contempló con fijeza y con una sonrisita:
—Eres un preguntón muy osado —me dijo—. Lo he cogido, y eso es todo. ¡Yo mismo no sé el porqué! ¡Lo aprecio mucho, es muy lindo!
Me lo alargó. La hoja era curvada y cortante, y tema incrustaciones de oro; en el mango, de plata, aparecÃa engarzada una piedra bermeja.
—¡Es un cuchillo árabe! Me sirvo de él para cortar las páginas de los libros, y por las noches lo pongo bajo la almohada. Se dice que soy rico, las gentes de estos alrededores son pobres y mi casita está aislada…
El cuchillo y las manos de Antoni, despedÃan un perfume acre que me embriagaba y daba vértigo.
—Continuemos. ¿Sabes que una mujer frecuenta mi casa?
—Lo he oÃdo decir.
—No es mi hermana: es mi querida…
—¿Por qué me explicáis todo eso?…