Mis confesiones
Mis confesiones —Para que tu asombro sea completo de buenas a primeras y no tengas que preguntarme nada en adelante. ¿Te gustan los libros profanos?
—¡Nunca leà uno!
Tomó de su armario un librito encuadernado en piel encarnada, y me lo alargó, con estas palabras:
—¡Toma; prepara el samovar y lee esto!
Abrà el libro, y en la primera página vi un grabado que representaba a una mujer desnuda hasta la cintura y un hombre que se estaba desnudando.
—¡No quiero leer esta obra!
Se volvió hacia mÃ, y encarándoseme con tono severo;
—¿Aun cuando tu jefe espiritual te lo mande? ¿Sabes tú por qué razones te fuerzo a que lo leas?… ¡Vete!…