Mis confesiones
Mis confesiones Ylo condujeron al bosque donde iba a ser ahorcado. Mientras caminaban, púsose a cantar. Al principio sus aprehensores siguieron indiferentes, pero poco a poco fueron acortando el paso; llegaron, por fin, al bosque; la soga estaba dispuesta, pero todos esperaron a que terminara la última canción; mas entonces los campesinos se decÃan unos a otros:
—¡Que cante otra vez! Será su rezo de agonizante.
Yasà entonó otra canción, y luego otra, hasta la salida del sol. Los campesinos miraban en torno de ellos; un nuevo dÃa, radiante, surgÃa en el horizonte. Miguoune, con la sonrisa en los labios, esperaba tranquilamente la muerte. Los campesinos experimentaron un sentimiento de vergüenza.
—Que se vaya al diablo —dijeron—. Si lo ahorcamos, sufriremos remordimientos y tendremos compromisos.
Yya resueltos a indultar a Savelko, le hablaron asÃ:
—Doblamos la cerviz ante ti, porque eres hombre de talento, pero vamos a acariciarte los lomos, porque eres un ladrón.
Le vapulearon sin mayor daño y todos con él regresaron al pueblo.