Mis confesiones
Mis confesiones Nada tendrÃa de extraño que esta anécdota fuese pura fantasÃa, por ser muy halagüeña para los campesinos, y porque presenta a Savelko bajo un aspecto muy relevante.
Cuando éste y Larión se hallaban juntos, no paraba todo en cantos, sino que discutÃan acerca de diversos temas y muy a menudo del diablo, al que no hacÃan mucho favor.
Recuerdo que una vez —dijo el chantre:
—El diablo es la imagen de tu maldad, el reflejo de tu ignorancia espiritual.
—¿Mi necedad, entonces? —exclamó Savelko.
—¡Justamente, tu necedad; eso es!
—¡Seguramente será eso! —dijo Miguoune, riéndose—. Si el diablo existiese, hace ya mucho tiempo que debÃa habérseme llevado.
Larión no creÃa en los demonios. Recuerdo a este propósito lo que decÃa vociferando a unos campesinos: