Mis confesiones
Mis confesiones —¡Soy un noble, descendiente de ilustre prosapia; mis antepasados fundaron las Rusias; todos ellos son personajes históricos! ¡Y ese doméstico, ese siervo piojoso, se atreve a interrumpirme!
Esas invectivas no me producÃan ningún efecto. ¡Quién sabe si también yo pertenecÃa a un noble linaje! Lo esencial no son los ascendientes, sino la Verdad. El pasado está muerto; sólo el porvenir vive.
Otras veces, retrepado en su butaca, con el semblante pálido, Antoni me decÃa:
—Estos frailes me han quitado otra vez el dinero jugando. Y, ¿qué es un monje? Un hombre que quiere ocultar su ignominia a los ojos del mundo, pues tan grande la cree. Es un hombre agobiado por el sentimiento de su debilidad y que huye del mundo por miedo a que lo devore. Y ésos son los mejores, los más interesantes, porque los otros no son más que gentes sin albergue, el desecho de la sociedad, cadáveres recién nacidos.
—Y vos —le interrump×, ¿qué sois?
Más de diez veces le habÃa formulado esta pregunta, a quemarropa, e invariablemente me contestaba:
—¡Qué importa!… ¡Pero lo que es tú, eres un hombre que ha venido al mundo por casualidad!