Mis confesiones
Mis confesiones —He hecho voto de ser el último entre los últimos, por espacio de tres meses —contestó—. Quiero efectuar la peregrinación sin atenuar en nada sus rigores. ¡Que los piojos me coman como a los demás! Y conste que no puedo ver una llaga sin que me entren náuseas. Pero por repulsivo que esto sea, no dejo de lavar todos los dÃas los pies de los peregrinos. Es muy penoso servir a Dios, pero es grande mi esperanza en su misericordia.
Hastiado de esa conversación, fingà dormirme, mientras pensaba:
«El sacrificio que éste hace a su Dios, no es inmenso».
El banco crujió bajo el cuerpo de mi vecino; se fue arrodillando con gran cautela, y comenzó a rezar en voz baja. Le oà murmurar:
—Y tú, San Cirilo, implora a Dios por mÃ, que soy pecador. Que sane mis llagas y mis heridas, como yo curo las llagas de los otros. ¡Dios Todopoderoso, ten en cuenta mis acciones y concédeme tu gracia! ¡Mi vida está en tus manos! ¡Sé que mis pasiones son violentas, pero harto me has castigado ya! ¡No me rechaces como a un perro; que tampoco me repudien tus servidores, te lo suplico! ¡Y que mis preces lleguen hasta Ti, como el humo del incienso!