Mis confesiones
Mis confesiones —¿Dónde está la «Santa Orden» de Fedora Studit?
Era un hombre que respiraba salud por todos los poros; llevaba barba negra y su tez era coloreada. No le faltaba dinero, que gastaba con mujeres en las hosterÃas.
—Al ver la violación de las leyes y la depravación de los hombres —me declaraba—, he perdido la paz interior. Dejé un comercio, mi tejar, en manos de mis hijos; hace ya cuatro años que busco, que escruto por todas partes, y el horror sigue imperando en mi alma. Las ratas han penetrado en el edificio sacerdotal y roen con sus afilados dientes los pilares de la ley. El pueblo se irrita contra la Iglesia, y abandona su regazo para dar en la herejÃa y constituir sectas abominables. Y la Iglesia; entretanto, ¿qué hace para poner remedio al mal? Aumenta sus riquezas y multiplica el número de sus enemigos. La Iglesia tiene que vivir en la indigencia, como el pobre Lázaro, con el fin de que el pueblo vea que la pobreza que predicaba Jesucristo es verdaderamente santa: si asà fuera, las gentes no robarÃan, ni atacarÃan el bien ajeno. Vamos a ver: ¿tiene otra misión la Iglesia que sujetar con mano firme al pueblo, por la brida?