Mis confesiones
Mis confesiones —¡Cuatro dÃas y cuatro noches! —repitió—. ¡Está bien!
—¿Por qué dice que está bien? —inquirà a mi vez.
—¡Porque sÃ! —contestó encogiéndose de hombros.
—¿Por qué lleva este mandil?
—He encuadernado unos libros. Mi tÃo llegará en seguida y cenaremos. ¿Quiere lavarse antes?
Era demasiado formal para su edad, y quise ofrecerle una muestra de mi insolencia.
—Pero ¿aquà se lava la gente?
Hizo un gesto de sorpresa.
—¡Pues, claro!
—Lo digo porque no he visto nadie limpio —repuse.
Entornó un poco los párpados, y me contestó con aplomo:
—Aquà la gente no gandulea; trabaja. Y con frecuencia ocurre que no tiene tiempo de lavarse.