Mis confesiones
Mis confesiones —No mientas, Mikhailo. ¡Mándalo al diablo, Matvei! Dios no existe. La religión es un bosque de Bondy, y la Iglesia también, con todo lo que está en ella. Ahà es donde se ocultan todos los granujas que nos expolian.
Pero Mikhailo insistÃa obstinadamente:
—El Dios a que aludo existió desde el momento que los hombres lo crearon de común acuerdo, haciéndolo surgir de la esencia de sus pensamientos, con el fin de que iluminase su existencia. Pero al dividirse el pueblo en siervos y señores, cuando éste perdió la voluntad y el pensamiento, entonces Dios quedó destruido, Dios pereció.
—¿Oyes, Matvei? —gritaba el tÃo, radiante—. ¡Que la tierra le sea leve!
Sin inmutarse, Mikhailo proseguÃa, bajando el tono de la voz:
—El mayor crimen de los señores de la vida está en haber anonadado la fuerza creadora del pueblo. Llegará el dÃa en que toda la libertad del pueblo converja a un mismo punto… De ahà surgirá una fuerza maravillosa e indestructible, y Dios resucitará. Y ése será el Dios que busca.
El tÃo agitaba los brazos como un polichinela.
—¡No le creas, Matvei! ¡No le creas!