Mis confesiones
Mis confesiones Por las noches se reunían en casa de Mikhailo algunos obreros, entablándose conversaciones interesantes. El maestro de escuela les hablaba de la Vida y de las malas leyes que la rigen. Conocía admirablemente esas leyes y exponíalas con suma claridad. Los obreros eran todos jóvenes, apergaminados por el calor excesivo de los hornos; la mugre les corroía el semblante; tenían el aspecto hosco y la mirada recelosa. Se interesaban grandemente por los problemas elevados, y escuchaban, silenciosos y cejijuntos. Al principio me parecieron timoratos y tristes, pero no tardé en persuadirme de que eran también capaces de cantar, bailar y divertirse con las mozas.