Mis confesiones
Mis confesiones Las conversaciones entre Mikhailo y su tÃo versaban siempre sobre el mismo tema; el poder del dinero, la humillación de los obreros, la concupiscencia de los patronos y la necesidad de acabar con la desigualdad de clases. Pero yo no era ni obrero ni patrono, no tenÃa dinero ni procuraba allegármelo, asà es que estos asuntos no revestÃan para mà un interés vital. Opinaba, al contrario, que los hombres concedÃan demasiada importancia al capital, y eso los rebajaba. Empecé a discutir con Mikhailo y a sostenerle que el hombre debe ante todo hallar su patria espiritual; sólo entonces podrá ocuparse en buscar el sitio que le corresponde en la tierra, y encontrar la libertad. DiscurrÃa asà prolijamente y con ardor. Los obreros escuchaban con atención y deferencia, como si fuesen jueces integérrimos; algunos, los de más edad, llegaron incluso a participar de mis opiniones.
Pero cuando yo terminaba, Mikhailo volvÃa a hablar, sin abandonar su sonrisa apacible, y a destruir todos mis argumentos: