Mis confesiones

Mis confesiones

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—Tienes razón, Matvei, diciendo que el hombre vive rodeado de misterios y que ignora si Dios y su espíritu le son hostiles o propicios. Pero te equivocas al afirmar que, ligados por las pesadas cadenas del trabajo cotidiano, podemos liberarnos del yugo de la codicia, sin antes derribar la envoltura material. Ante todo, hemos de saber cuál es la fuerza del enemigo más inmediato, y estudiar sus tretas. Para eso es preciso que nos conozcamos mutuamente, que unamos lo que hay de común en nosotros; y en esta unión es donde radicará nuestra fuerza invencible y hasta capaz de realizar milagros. Los esclavos nunca han tenido Dios; han deificado la ley humana que les había sido sugerida. Y los esclavos no tendrán nunca Dios, porque Dios no surge sino en el caso de que cada uno posea el sentimiento de su parentesco moral con el prójimo. Los templos no se edifican con cascotes y escombros, sino con piedras enteras y consistentes. El hombre se encuentra aislado, porque está desprendido del todo de que forma parte; el aislamiento es el síntoma de la impotencia y de la ceguera espiritual. ¡En el todo se encuentra la inmortalidad, pero en el aislamiento, no hay más que esclavitud, tinieblas, angustia y muerte!

Cuando hablaba en esta forma, parecíame que sus pupilas avizoraban una gran luz lejana; arrastrábame consigo a otra esfera; todos se olvidaban de mí, y contemplábanle con arrobamiento.


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