Mis confesiones
Mis confesiones Ycomenzaba a hablar del porvenir como si lo estuviera viendo con una claridad deslumbrante. ¡Él mismo quedaba maravillado de sus propias visiones! Le debo muchas cosas a este amigo, lo mismo que a Mikhailo.
Durante aquel período conocí un gran número de hombres interesantes; iba de unos a otros, de ciudad en ciudad, y me parecía que andaba entre jalones de fuego. Me es imposible pintar la diversidad de todos aquellos hombres, y la alegría que me causaba su unidad de espíritu.
¡El pueblo ruso es grande, y la Vida, indescriptiblemente bella!