Mis confesiones
Mis confesiones Una vez me preguntó:
—¿Qué te parece, Matvei? ¿Tiene el hombre Ãntegro mucho valor a los ojos de Dios?
A mà no me gustaban esas preguntas.
—No lo sé —respondÃle.
Reflexionó un momento, añadiendo:
—AsÃ, por ejemplo, Dios hizo que Lot saliera de Sodoma. Salvó a Noé y destruyó a millares de hombres por medio del fuego y del agua. Y sin embargo, está escrito: «No matarás». A veces me digo que esos millares de hombres perecieron porque entre ellos habÃa justos. Dios habÃa visto que, a pesar de la severidad de las leyes, no faltaba quien llevase una existencia pura. Si en Sodoma no hubiese habido un solo justo, Dios habrÃa llegado a adquirir el convencimiento de que era imposible observar sus mandamientos, y los hubiera atenuado, antes que matar a tanta gente. ¡Dicen que Dios es misericordioso! ¿Dónde está su misericordia?
No discernÃa entonces que lo que ese hombre pretendÃa era buscar una justificación a sus pecados; pero sus palabras me sublevaban:
—¡DecÃs cosas impÃas! —vociferaba yo—. ¡Teméis a Dios, pero no le amáis!
Se ponÃa lÃvido.