Mis confesiones
Mis confesiones —¡No deberÃas hacer caso de las gentes! Cada cual vive para sà mismo. Es verdad que ahora estás solo en el mundo; pero el dÃa que hayas constituido una familia, no te harán falta los demás. Y vivirás como todo el mundo, en tu casa con los tuyos. No juzgues a mi padre. Ya sé que nadie le quiere. Pero no veo que sea peor que los otros. ¿Por dónde asoma el amor?
Esas palabras fueron para mà un sedante. Siempre he sido impulsivo; entonces resolvà dar el golpe definitivo:
—¿Quieres casarte conmigo, Olga? —le dije a quemarropa.
Volvió la cabeza y murmuró:
—¡SÃ!…