Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste Una sola palabra de Stewart bastó para apaciguar al ruano. Los demás, empero, continuaron dando muestras de inquietud, resistiéndose a permanecer parados. Los hombres montaron sin dificultad, así como Magdalena y Florencia, pero Edita Wayne y la señora Beck, nerviosas y poco diestras, requirieron ayuda.