El Caballo salvaje
El Caballo salvaje —Panquitch. ¡Por fin estoy sobre tu pista! —exclamó exultante.
Le pareció en aquel momento que, por decirlo asÃ, se entregaba a cuanto hasta entonces habÃa anhelado…, a una salvaje libertad, sin más trabajo ni más restricciones que las que sus propias erráticos caprichos le impusieran. Cierto que su vida en la pampa habÃa sido por demás salvaje, pero hasta el pasado año, sus deberes para con su padre y otros superiores le habÃan retenido, como asimismo una idea profundamente arraigada de obligación y de afecto hacia su hermano menor, Chess. Chess tenÃa ya dieciocho años y se consideraba tan hombre, que se resentÃa de la tutela de Chane.
—«Muchacho azul[2]» ya no necesita a su hermano —soliloquió con cierta melancolÃa recordando la impaciencia de Chess al verse vigilado. ¡A fe que pasaba de prisa el tiempo! ¡Chess hecho casi un hombre! Y parecÃa ayer cuando era un niño en Colorado, de donde eran oriundos. ¡DÃas felices los de Colorado!
Los Weymer constituÃan una familia estrechamente unida. El padre de Chane habÃa sido colono, ganadero y chalán[3]. En las praderas de Colorado habÃa aprendido Chane la que hoy era su profesión: la caza de caballos cerriles.
