El Rancho Majestad
El Rancho Majestad —Estoy mirando, amigo, pero no puedo ver bien. Nels se habÃa acercado al extremo del pórtico. Gene pudo ver solamente la columna de polvo que se elevaba en el espacio; tenÃa la vista anublada. Sin embargo, le pareció que el coche se acercaba de una manera mágica. —Gene, ya ha salido de la parte peor de la carretera. Estará aquà en menos tiempo que un cordero mueve el rabo… Es un automóvil abierto… brillante… con un frente muy ancho… y una nariz que parece la de los podencos que Magdalena solÃa tener.
En aquel momento, el automóvil y el polvo que levantaba a su paso desaparecieron en la pendiente.
—¿Has oÃdo ese zumbido? Parece el de un aeroplano —gritó Danny.
El ranchero lo oyó y pensó que sus oÃdos no se habÃan embriagado jamás con una música tan deliciosa. ¡Madge!… ¡Su hija… su hijita… su segunda Magdalena… volvÃa a casa para siempre! Oyó que Danny lanzaba una exclamación. El zumbido se convirtió en un suave rugido. Luego, con la rapidez de un relámpago, el coche reapareció ante su radio de visión al comenzar a subir la rápida pendiente, cruzó el pueblo y volvió a la derecha al llegar a la carretera que conducÃa a la extensión cubierta de verdor.