El Rancho Majestad
El Rancho Majestad —No lo harán. Seguramente tendrán miedo a que todos los alumnos de tu propio curso se vayan también. Aquella noche, la cena no constituyó la reunión de jóvenes alegres que generalmente solÃa ser. Madge fue la cÃnica persona divertida de todas las que allà estaban. En torno suyo percibÃa el denso ambiente del desastre. Sus amigas sabÃan, acaso, lo que ella solamente podÃa suponer que sucederÃa, y estaban atemorizadas. Muy poco tiempo después de la cena, Madge telefoneó para anular una cita que tenÃa concertada, subió a su habitación y se acostó. Cuando Allie entró en la estancia y se tumbó en el lecho de Madge y se arrojó en sus brazos para llorar inconsolablemente… Madge tuvo entonces la seguridad de que habrÃa de acontecer lo que tanto temÃa, y no se durmió hasta muy tarde. A la hora del desayuno, echó de menos a la mayorÃa de sus compañeras. Habiendo sido avisada para que se presentase en el despacho de la Dirección, entró en él con la cabeza alta y el rostro tranquilo, pero interiormente tenÃa un poco de miedo. La entrevista que celebró con el vicepresidente fue muy corta. Los directores habÃan tomado la resolución de expulsarla, y se habÃan visto obligados a hacerlo en vista ele sus anteriores faltas y de que habÃa sido sometida a consecuencia de ellas a un perÃodo de prueba. El desdeñar este último aspecto de la cuestión equivaldrÃa a establecer un precedente que podrÃa producir muy malos resultados en lo sucesivo. Madge aceptó el castigo graciosamente, sin una sola palabra en defensa propia, y salió del despacho para cruzar los terrenos universitarios por última vez.