El Rancho Majestad
El Rancho Majestad —¡Quieto, Umpqua! Soy yo. ¡Quieto, caballa loco! Con Madge en el brazo izquierdo, Lance montó y colocó a la muchacha atravesada sobre la silla. Umpqua no necesitaba que se le espolease. Cuando comenzaba a correr, una lluvia de disparos se convirtió casi en un trueno continuo, y los proyectiles silbaron entre las ramas de los árboles y contra las paredes de la cabaña. Pero, con unos cuantos saltos, el caballo se encontró detrás de ella y fuera de peligro. Lance lo condujo al galope a través del muro de follaje y se introdujo en el bosque.