Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja —Por eso voy armado —continuó Judkins—. Porque yo nunca dejaré de trabajar para vos, señorita Withersteen, a no ser que vos misma deseéis que me vaya.
—Judkins, ¿deseas marcharte de mi casa?
—No me conocéis si creéis eso. Dadme un caballo, un caballo veloz, y enviadme a la pradera.
—Gracias, Judkins. Eres más fiel que los de mi religión. No deberÃa aceptar tu lealtad; acaso tengas que sufrir por mi causa. Mas ¿qué he de hacer? Mi cabeza da vueltas. ¡La injusticia que se cometió con Venters, el robo del hatajo, esos hombres enmascarados, las amenazas…! ¡No lo entiendo! Pero presiento que algún destino oscuro y terrible me espera.