Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja —Señorita, la cosa está clara —dijo Judkins gravemente—. Escuchadme y olvidad por un momento que sois mormona… Ayer estuve en el pueblo recorriendo las tabernas y almacenes. Todos vuestros jinetes estaban allÃ. Se hablaba de organizar un cuerpo de vigilancia para acabar con las ladrones de ganado. Dicen que van a llamarle «Los Jinetes». Y éste es el motivo que dicen tener para haberos abandonado. Lo extraño es que sólo unos pocos jinetes de los demás ranchos hayan ingresado en ese cuerpo de vigilancia. Y el confidente de Tull, Jerry Card, es su cabecilla. Le vi a él y a su caballo. No ha ido a Glaze. Es difÃcil engañarme a mÃ; sé cuando un caballo ha corrido por la pradera durante muchas horas… Me encontré con Blake y Dorn, ambos buenos amigos mÃos, hasta dónde su mormonismo les permite. No pudieron engañarme tampoco, por mas que no hicieron grandes esfuerzos en este sentido. Les pregunté, sin embargo, por qué os habÃan abandonado del modo que lo hicieron, recordándoles al mismo tiempo cómo atendisteis a la vieja madre de Blake cuando estuvo enferma, y cuán buena sois con los hijos de Dorn. Se les caÃa la cara de vergüenza, señorita. Pero luego se irguieron, adoptando esa mirada vaga y opaca que les hace tan misteriosos. Sin embargo, advertà la diferencia que habÃa entre los naturales remordimientos de conciencia que demostraron al principio y la cara grave y seria que pusieron después, ocultando un inconfesable secreto. Y comprendà claramente que ellos no se atrevÃan a contravenir. Su rostro parecÃa decir que si os son infieles es por ser leales a un deber más elevado. Ése es su secreto; mas para mà la cosa está tan clara como… como cierto es que llevo ahora pistolas.