Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja Arrodillóse junto a la cama y oró como jamás lo había hecho, suplicando que se le perdonara su pecado; que se la librara de aquella oscura y abrasadora sensación de odio; que pudiera amar a Tull como ministro del Señor, aunque lo aborreciera como hombre; que le diese ánimos para cumplir con su religión, con sus correligionarios y con los que dependían de ella; que permaneciese siempre inviolable su fe en Dios y en su libre albedrío de mujer.