Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja —Nada me gusta el aspecto de esos bueyes guÃas. Pero nada se puede vaticinar. A veces se produce la estampida por la más pequeña cosa. Cualquier destello o movimiento los asusta. Un jinete que se apee y vaya hacia ellos puede ser la causa de que se sobresalten y echen a correr. Y a veces parece que nada hay que pueda asustarlos. Sin embargo, creo que el reflejo de esa sábana dará resultado. Es un truco nuevo pata mÃ, y eso que conozco muchas cosas respecto al ganado. Se necesita ser uno de esos mormones, tan temerosos de Dios, para inventar trucos tan endiablados.
—Lassiter, ¿no podrÃa ser alguno de los hombres de Oldring? —preguntó Juana, tratando otra vez de agarrarse a un clavo ardiendo.
—PodrÃa, pero en este caso no lo es —repuso Lassiter—. Oldring es un ladrón honrado. No se esconde detrás de los cerros para hacer que vuestros bueyes se desbanden. Lo que hace Oldring es ir a vuestro encuentro, y si no os gusta lo que hace, podéis «sacar» la pistola.
Juana se mordió la lengua para no defender a hombres que en aquel mismo instante demostraban ser pequeños y ruines comparados con los ladrones de ganado.
—¡Mirad, Juana…! Los cabestros echan a correr; los bueyes de las dos filas sueltas les siguen, y pronto los del centro harán lo mismo.