Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja Y, dicho esto, se fue corriendo hacia su caballo, le quitó las alforjas, apretóle la cincha, subió de un salto y guió al animal, en veloz carrera, directamente hacia el valle.
Juana fue a buscar a Estrella Negra y lo llevó a la cima. Allí lo montó y contempló el valle, llena de expectante emoción. Había oído hablar del truco de la noria para reducir a un hatajo en desbandada, y sabía que únicamente un jinete audaz y temerario podría realizarlo.
El hatajo blanco formaba ahora una fila de dos millas. El estruendo de miles de pezuñas de ganado corriendo alocadamente convertíase poco a poco en el retumbar de múltiples truenos. Lassiter cruzó en pocos instantes el fondo del valle y subió a la falda del Este, dónde esperaba la llegada del ganado. Y cuando la cabeza de la línea blanca llegó a un punto frente al sitio ocupado por Juana, Lassiter espoleó a su caballo.