Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja —Señora Larkin, ¿cómo os encontráis? —preguntó Juana con ansiedad.
—He estado muy enferma durante una semana, pero ahora estoy mucho mejor.
—¿Habéis estado aquà sola, sin que nadie os cuidase?
—No, no. Mis vecinas son buenas; todas me atienden y forman turno para ello.
—¿Me habéis hecho llamar?
—SÃ; repetidas veces.
—Pues…, nada me han dicho; no recibà ningún recado vuestro.
—Mandé a los chicos y se lo dijeron a vuestras criadas. Juana sintió que le flaquearon las piernas al recibir aquel golpe, y necesitó reunir todas sus fuerzas para sobreponerse. Nuevamente habÃa vislumbrado el secreto poder que la circundaba, y que se atrevÃa a llevar sus siniestras maquinaciones a su propia casa. Como una araña en las tinieblas de la noche, una mano invisible habÃa comenzado a encerrarla, poco a poco, en una red de intrigas y hechos misteriosos. Juana Withersteen dióse clara cuenta de lo que la amenazaba, y al comprenderlo serenóse por completo y, se despertó en ella la combatividad de sus mayores.