Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja —No, no fue eso precisamente —contestó la viuda, y puso una escuálida mano sobre el brazo de la joven—. No quisiera decÃroslo, pero… Bueno, yo conté vuestros deseos a todas mis amigas, que, como sabéis, os quieren, y me contestaron que os podÃa confiar a Fay. Pero las mujeres son charlatanas, y se enteraron los mormones. Entonces me dijeron algo que me hizo sospechar que vos no querÃais adoptar a Fay por amor a ella, sino porque vuestros deberes religiosos os ordenan preparar a una muchacha gentil para destinarla como esposa a algún mormón.
—¡Eso es una vil mentira! —exclamó enojada Juana.
—Ello me hizo vacilar —continuó la señora Larkin—, pero en el fondo, nunca lo creÃ. Y ahora estoy dispuesta a…