Los Jinetes de la Pradera Roja

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Rápidamente traspuso la distancia que le separaba de ellos, que era mayor de lo que había calculado. Detrás del primer árbol se detuvo para descansar, y entonces vio que los cedros surgían de agujeros naturales de la roca desnuda, lo cual le explicó las grotescas formas de los árboles que, luchando con la inclemencia del suelo y de la altura, crecían difícilmente. Venters se dijo que aquél era un medio muy duro para los árboles… y para los hombres.

Saltando de un árbol a otro avanzó hacia la parte sur de la línea de cedros; al avanzar, ensanchábase la faja de árboles, y el joven se mantuvo cerca de la linde superior. En algunos sitios vio cavidades mayores llenas de agua y, al fijarse exactamente en su situación, por si más tarde necesitaba recurrir a ellas, pensó que no había llovido desde hacía muchos meses. De un lugar sombrío, junto a una cavidad llena de agua, vio saltar una liebre que permaneció después quieta, agazapada, con las orejas erguidas.

Venters deseaba tener carne fresca, ahora más que antes, cuando estaba solo; pero no podía valerse de su rifle para cazar al animal. Cogió una rama que estaba a mano en el suelo, se la tiró a la liebre y le quebró una pata. El animal empezó a correr cojeando, pendiente arriba, y Venters corrió detrás para no dejarla escapar.


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