Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja La creciente oscuridad le permitió andar sin miedo a sorpresas. Al trasponer el bosquecillo que cerraba la mella de su campamento oyó el relincho de Camorra, y entonces pensó que se había olvidado de él. No sería posible hacerle subir al abrupto camino del Valle de la Sorpresa, y era preciso dejarlo dónde ahora se hallaba. Los otros caballos podrían llevarse a la hondonada y soltarlos allí para que se alejasen, que era lo que a él le convenía.
Debajo de los abetos, junto al manantial, la oscuridad era mayor, mas no tanto que la aguda vista de Venters no percibiera el blanco óvalo del rostro de la muchacha.
Se inclinó sobre ella con gran precaución para no asustarla, y al mismo tiempo con miedo por si entre tanto hubiese muerto. Pero la halló dormida, y esto animó a Venters a una renovada actividad.