Los Jinetes de la Pradera Roja

Los Jinetes de la Pradera Roja

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Sí —repuso él—, y parece que les gusta nuestra compañía.

—¿Dónde estamos?

—No os preocupéis. Más tarde os lo diré.

—El canto de los sinsontes me despertó. Cuando lo oí, cuando vi esos abetos brillantes…, el cielo azul…, los dorados rayos del sol…, me pregunté si…

No acabó la frase, pero Venters creyó adivinar lo que quiso decir. La joven estaba delirando. Le tocó la cara y notó que ardía, fue en busca de agua y se alegró de que siguiera tan glacial como el día anterior. Aquella agua representaba para él la única medicina con que curar a la muchacha, y en ella puso toda su fe. La enferma no quería beber, mas él la obligó, y después lavóle el rostro, le puso paños fríos en la frente y refrescó sus muñecas.

El día empezó con la subida de la fiebre, y Venters pasó el tiempo reduciéndole la temperatura, refrescándole la frente y las ardientes mejillas. No se apartó de su lado, y a la menor agitación de la enferma, la sostenía con firmeza para que no se le abriesen las heridas. Hora tras hora la muchacha charlaba, reía, gritaba y sollozaba en su delirio; mas fuera cual fuese su secreto, ni bajo el dominio de la fiebre lo reveló. Así pasó el día, y con la frescura de la noche bajó la fiebre, y la muchacha se sumió en profundo sueño.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker