Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja Venters hubiera dado cualquier cosa por no haber hecho la pregunta. Expresado el pensamiento con palabras; parecÃa más grave. Y, sin embargo, la vergüenza que revelaba el rostro y la actitud de la joven motivó en él un sentimiento semejante al respeto que tan ávidamente deseaba sentir por ella.
—¡Maldición! ¡Olvidadlo! —exclamó, enojado consigo mismo y apenado por ella—. Pero decÃdmelo de una vez…, yo ya lo sé, pero deseo oÃrlo de vuestra boca…, ¿verdad que vos no pudisteis evitarlo?
—¡Oh, no!