Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja —¡Oh, no! A veces pasaba muchas semanas sin salir, encerrada en la cabaña.
—¿Os encerraban? —preguntó Venters fingiendo una indiferencia que estaba muy lejos de sentir.
—Cuando Oldring realizaba algunos de sus largos viajes me encerraba en la cabaña. A veces estaba meses ausente.
—¿Por qué os encerraba?
—Quizá para evitar que me escapase. Siempre le amenacé con hacerlo. Pero, seguramente, era más por temor a las borracheras que solÃan coger sus hombres en los pueblos. En cambio, yo no les tenÃa miedo; siempre eran buenos conmigo.
—¡Prisionera! ¡Cuán duro debÃa ser eso para vos!
—No. A mà me gustaba. El tiempo que he pasado encerrada ha sido el más feliz de mi vida. Es una cabaña muy grande, situada sobre un alto risco, y desde ella se goza de un hermoso panorama. DisponÃa, además, de perros y de libros. En el interior hay una fuente y vÃveres almacenados. Los hombres me traÃan carne fresca. Un año pasé allà todo el invierno.
—¿Habéis vivido en el Desfiladero de la Decepción todo el tiempo que podéis recordar?
—Tengo una vaga idea de otro lugar, de unas mujeres y de unos niños, mas no puedo precisarlo. A veces me he esforzado en querer recordar, pero ha sido inútil.