Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja A partir de entonces, el jinete iba a ver a Juana con más frecuencia. Cada dÃa mostrábase más suave y complaciente, revelándose en él, poco a poco, una extraña alegrÃa. Por la mañana solÃa poner a Fay sobre su caballo, llevándola asà hasta el borde de la pradera. Por la tarde jugaba con la niña a todos los juegos que la pequeña discurrÃa, y con gran frecuencia aceptaba la cena que le ofrecÃa Juana. Durante aquellos dÃas no hubo otras visitas en la casa Withersteen. De aquà que, a pesar de la vigilancia, que Lassiter no olvidaba nunca, el jinete empezó a demostrar que se hallaba allà como en su casa. Después en la cena se iban paseando hasta el bosque de álamos o hasta las balsas, y la pequeña Fay tenÃa siempre a los dos cogidos de la mano. De este modo establecióse entre ellos una especie de original parentesco que complacÃa a Juana. Al llegar la noche regresaban a casa; Fay besaba entonces a los dos e iba a reunirse con su madre. Entonces, Lassiter y Juana quedaban solos.