Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja —¿Por qué?
—Quiero evitar que matéis más hombres… mormones. Quiero que me dejéis salvaros de la maldad…, de ese deseo de verter sangre… —La verdad salió balbuciente de sus labios—. Es preciso… que me ayudéis… a cumplir mi promesa a Milly Erne. Juré…, cuando estaba muriendo…, que si algún dÃa alguien viniera a vengarla…, detendrÃa su mano. Tal vez solamente yo puedo salvar… al hombre… que… que… ¡Oh Lassiter!… presiento que, si no puedo cambiaros, pronto saldréis para matar…, y, por instinto, entre los mormones, mataréis a aquel que… que:… ¡Lassiter, si soy algo para vos…, permitidme que yo misma os quite las armas!
Como si las manos de ella fuesen las de una niña, Lassiter las soltó y, apartándola, la miró con aterrador sentimiento de comprensión, y desapareció por entre las sombras del bosquecillo.