Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja Cuando pasó la primera sorpresa de su inútil súplica, Juana definió la frÃa y tácita condenación expresada por él, y, su rápida marcha, más que como negativa a su ruego, como confusión y amargura porque ella habÃa tratado de engañarle. Después de reflexionar largamente y recordar todas las acciones de Lassiter, estaba segura de que volverÃa y la perdonarÃa. Aquel hombre no podÃa ser duro con una mujer, y Juana dudaba que tuviera energÃa suficiente para permanecer alejado de ella. Mas temÃa ahora que el punto en que esperaba hallarle vulnerable estuviese a prueba de toda persuasión. La férrea voluntad y decisión que desde un principio sospechara en él habÃa surgido al fin como infranqueable barrera. Sin embargo, si Lassiter continuaba en Cottonwoods, ella jamás cejarÃa en su empeño de transformarlo. Estaba decidida a ello aunque tuviera que renunciar a todo, excepto a la esperanza de ganar el Cielo. Mormona apasionada, habÃa, sin embargo, rehusado casarse con Tull; mas de la situación en que ahora se encontraba habÃa surgido la diamantina luz del deber religioso en su más alta acepción. Y durante aquella noche de insomnio, atribulada por el temor y la duda, Juana Withersteen llegó finalmente a la convicción de que, si era preciso entregarse a Lassiter para que éste cumpliera el mandamiento «No matarás», cumplirÃa un deber.