Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja —Ya no están allÃ, señorita Withersteen; hace diez dÃas que desaparecieron. Doras me lo dijo, y yo mismo he ido al campo para cerciorarme de ello.
—¡Lassiter! ¿Lo sabÃais? —preguntó Juana volviéndose rápidamente hacia él.
—SÃ… Pero ¿qué hubiese logrado con decÃroslo?
Al ver que Lassiter desviaba los ojos y que Blake miraba fijamente al suelo, Juana comprendió el dolor que debÃa de reflejar su propio rostro. Trató desesperadamente de serenarse.
—¡Mis caballos! ¡Mis pobres caballos! ¿Qué ha sido de ellos?
—Dom ha dicho que los jinetes hablan de otra fechorÃa de Oldring… Yo seguà la pista de los caballos, por la ladera, hasta el Desfiladero de la Decepción.
—¡Me han robado el hatajo rojo! ¡Me han robado mis caballos! Pronto me quitarán el hatajo blanco. Si pierdo a Estrella Negra y a Africano… no sé qué va a ser de mÃ; Lassiter… Blake…, ¿peligran mis corceles?
—Un bandido…, o cualquiera que se dedique a robar caballos, apetecerá, sobre todo, vuestros favoritos —dijo Lassiter, y su evasiva respuesta no dejaba lugar a dudas.
Por añadidura, Blake dio su asentimiento moviendo la cabeza.