Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja —SÃ, he de hablaros —dijo apresuradamente—. Me llamo Blake, soy mormón y jinete. Hace poco abandoné el servicio de la señorita Withersteen. He venado para rogarle que me admita otra vez. Ahora bien; yo no os conocÃa personalmente, pero sabÃa quién erais. Por eso debo deciros lo que sigue. Esta mujer no imaginará que yo puedo ser un espÃa. No se le ocurrirá pensar que mi ofrecimiento puede ser un ardid para poderos matar a mansalva. Juana Withersteen no tiene esa mentalidad. Bien, Yo no he venido con ese fin. Deseo ayudarla… cooperando con Judkins y… con vos. El caso es… ¿me creéis?
—SÃ, os creo —contestó Lassiter, y el tono sereno de su voz contrastaba singularmente con la calurosa expresión de Blake—. Os hubierais podido ahorrar el aliento. Y escuchadme bien: Lassiter ha encontrado a algunos mormones buenos y los conoce…
—Blake —interrumpió Juana, nerviosa, para terminar aquella conversación que habÃa de ser tan dura para éste—. Ve en seguida a traerme noticias de mis caballos.
—¡Señorita…! ¿Os referÃs a aquellos doscientos que… aquellos del campo de…?
—Naturalmente —repuso Juana—. Todos los que tengo están allÃ, excepto los «pura sangre».
—Entonces…, ¿no sabéis?
—¿Qué? Di…, ¿qué les ha pasado?