Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja —¡Niña, callad! —dijo Lassiter, con un dejo de piedad—. Sois una mujer, una mujer buena y fuerte, un corazón como hay pocos, pero mentalmente sois una niña. Voy a deciros algo más, y ya no volveré a hablar de esto. Entre miles de mujeres mormonas sois la única que se ha atrevido a oponerse a los dignatarios de la religión mormona. Ellos han tratado de reduciros a la obediencia y han visto que nada han conseguido, ni por la persuasión ni con amenazas. Y ahora os halláis frente al acero frÃo de una voluntad tan distante de la idea cristiana como amplio es el universo. Quieren doblegaros. Quieren disponer de vuestro cuerpo, entregárselo a un mormón para que, a ser posible, déis niños mormones al mundo…
¿Vuestra alma, decÃs…? ¿Qué les importa a ellos vuestra alma?