Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja El ruido del agua llevó sus pasos hacia un barranco umbrío dónde brotaba una fuente sobre piedras musgosas. Una multitud de ranas grises con manchas blancas y ojos negros alineábanse en la rocosa orilla, y sólo saltaron cuando los dos estaban muy cerca. Luego, Venters descubrió una serpiente muy larga de piel verde, enroscada en un delgado árbol. Los dos se aproximaron hasta tenerla al alcance de la mano: el reptil no mostraba tener miedo, y los miraba con rutilantes ojos.
—Es muy hermosa —dijo Bess—. ¡Y qué mansa! Creía que las serpientes huían siempre al acercarse las personas.
—No. Tampoco los conejos de aquí huían, hasta que nuestros perros empezaron a perseguirlos.
Siguieron el paseo, dirigiéndose primero a la balsa construída por los castores, a los cuales estuvieron admirando largo rato, y después, como otras veces, a la cueva de los trogloditas, lugar preferido por Bess.