Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja Se alejaron del campamento para pasearse a lo largo de las terrazas; Ring y Blanca iban delante y jugaban corriendo de un lado a otro. Venters levantó la mirada hacia el gran arco de piedra que daba entrada al valle y Bess contempló también el maravilloso panorama. Un águila en vuelo llamó su atención.
—¡Fijaos cómo vuela! —exclamó Bess—. ¿Dónde estará la hembra?
—En el nido que tiene en una grieta del puente, cerca del borde superior. La veo a menudo. Es casi blanca.
Luego fueron paseando terraza abajo, hacia el bosque. Un pájaro pardo salió chillando de una mata. Bess miró por entre las hojas.
—¡Mirad! Un nido de cuatro pajaritos. No se asustan. ¡Fijaos cómo abren el pico! Tienen hambre.
Por entre la hojarasca se deslizaban los conejos. El bosque resonaba del zumbido de los insectos. Por los calveros cruzaban rápidamente las codornices. El ingrávido paso de Bess despertó a un lagarto, que se deslizó rápido por entre las hojas. La joven corrió detrás y lo cogió. Era un animalito esbelto, de color indefinido, pero de exquisita belleza.
—Sus ojos parecen joyas —dijo Bess—. Es miedoso como los conejillos. ¡No te comeremos… anda, corre! —dijo, y lo soltó.