Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja —Es que he estado soñando muchas cosas, Bess. Este valle le induce a uno a soñar. Por eso he estado reflexionando. No podemos seguir viviendo de esta manera; es preciso que me vaya pronto a Cottonwoods. Necesito traer algunos burros cargados de provisiones. Yo puedo obtener…
—¿Podéis ir sin peligro? —le interrumpió la muchacha.
—SÃ, estoy seguro. Atravesaré de noche el Desfiladero. No creo que Camama se haya alejado. Y una vez sobre él… En fin, Bess, cuando veáis ese caballo veréis de lo que es capaz.
—¡Cuánto me gustarÃa conocerlo, montar en él! Pero lo que me atormenta es esto: ¿vais a… volver?
—Concededme cuatro dÃas. Si no he vuelto en ese tiempo, consideradme muerto. Sólo la muerte me impedirá volver.
—¡Oh!
—Bess, yo volveré. Hay peligro, ¿para qué negároslo? Pero sabré sortearlo.
—De eso estoy segura. Toda mi vida he visto hombres perseguidos. Sé de lo que son capaces. Y creo que vos sabéis montar y manejar las armas y estar alerta como el jinete más hábil de la pradera. No es eso lo que temo.
—Pues, ¿qué teméis?