Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja —Decidlo, pues.
—¿Cuándo iréis a Cottonwoods?
—Tan pronto cesen las tormentas.
—Pues os lo diré antes de que os vayáis. Ahora no podrÃa. No sé si podré entonces, pero es preciso, debo decÃroslo. No puedo dejaros marchar sin que lo sepáis. Porque, a pesar de lo que habéis dicho, existe la posibilidad de que no volvamos a vernos.
DÃa tras dÃa soplaba el viento del Oeste sobre el valle. DÃa tras dÃa formábanse los rojizos nubarrones cubriéndolo de profundas tinieblas, cantaban los riscos, oÃase en las cuevas el toque de difuntos de Oldring, rasgaba el cielo la cárdena luz de los relámpagos, rugÃa el trueno, retumbaba el eco e inundaban el valle las lluvias torrenciales. Flores silvestres surgÃan por todas partes compitiendo en altura con la hierba, sonriendo pálidas en sombrÃos rincones, asomándose maravillosas por las grietas de las rocas, secas desde hacÃa arios.